Cáritas parroquial
Apoyo escolar a niños y jóvenes
Vivimos en una sociedad en cambio, en crisis. Un cambio y una crisis vertiginosa que a nosotros, como comunidad cristiana, no nos deja indiferentes.
Un día nos preguntamos: ¿Cuál debe ser nuestra actitud y comportamiento? ¿Cuál es la opción que nos permite ser coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos?
Y nos contestamos con otra pregunta: ¿Cuál es la línea central del mensaje de Jesús?...La construcción de un Mundo Nuevo, basado en la justicia y la fraternidad.
Con esta reflexión nació hace unos años, en nuestra parroquia, un sueño, una “ocurrencia” que finalmente se transformó en proyecto. Un proyecto que ya está en marcha: Clases de apoyo o refuerzo escolar.
Es cierto que vivimos en una sociedad en la que la educación es obligatoria, todos los niños están escolarizados. Podríamos decir que la oportunidad de aprender la tienen todos por igual. Pero esta forma de hablar encierra en sí un error, una injusticia, porque no es cierto que todos los alumnos sean iguales. La realidad personal y familiar les diferencia. Cuando un niño sale del colegio tiene que hacer un trabajo personal. Necesita un lugar, un ambiente y alguien a su lado que le anime y ayude. Las familias no siempre pueden hacerlo.
Siendo conscientes de esto y desde nuestras limitaciones, estamos trabajando en la parroquia para que nuestros niños no se sientan excluidos por falta de medios económicos o por su situación familiar, de ese “empujón” escolar que suponen las clases de refuerzo o simplemente de la oportunidad de tener un lugar para estudiar. Por eso tenemos la Parroquia abierta todas las tardes, para los niños y sus familias. Son ya muchos los que acuden y comparten el esfuerzo del estudio; unos enseñando y otros aprendiendo. La intención de nuestra Parroquia no es la de “suplir vacíos”. Buscamos e intentamos ejercitar la misma dinámica evangelizadora de Jesús. Quien después de acoger, acompañar, curar, enseñar… integraba, como criatura nueva, a la comunidad de los Hijos de Dios a quien antes se sentía desprotegido por la injusticia y desigualdad. Este proceso va generando lazos afectivos y efectivos en quienes son los principales responsables: sus familias. Y en este proceso se hace inevitable la presencia de los laicos a disposición de los niños y sus familias, las propias familias como protagonistas de la educación de sus hijos y el sacerdote como Pastor y guía. Esta inseparabilidad hace posible el buen fin del proyecto. Se hace por tanto imprescindible este trinomio como respuesta responsable de la comunidad cristiana a esta realidad parroquial.
Las personas que trabajamos en este proyecto, queremos creer que la educación, el arma más poderosa para luchar contra la desigualdad y la marginalidad, es también una herramienta valiosa para edificar ese Mundo Nuevo y fraterno del que nos habla Jesús.






